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domingo, 1 de marzo de 2009

Homilía de Mons. José Luis Mollaghan, Arzobispo de Rosario

en la Visita de Navidad a la Cárcel de Piñero
Lunes 25 de Diciembre de 2006


En la Navidad de Jesús se abre para nosotros un horizonte de esperanza, porque nace nuestro Salvador, y en Él recomienza nuestro andar de hijos de Dios.
Deseo saludarlos a cada uno de ustedes que están detenidos y a sus familias que hoy vienen a visitarlos con afecto fraterno. Me presento a ustedes como su Obispo y servidor, testigo del amor de Dios, que viene a nosotros en esta Navidad.
Doy gracias a todos los que han querido participar en el día de Navidad en la Misa y en la visita a la cárcel, especialmente a la Pastoral Carcelaria de nuestra Arquidiócesis, y a los voluntarios laicos. También saludo y agradezco a las autoridades de la Unidad penitenciaria de Piñero, en especial al Señor Director de esta cárcel.
Jesús, el Hijo de Dios, vino al mundo débil y pequeño. Entró sin hacerse anunciar; como desapercibido. Su vida en la tierra estuvo rodeada de pobreza. Nació en un pesebre. Conoció la privación y el sufrimiento. Estuvo sometido a los pasos propios de su crecimiento. Aprendió a caminar, y creció junto a la Santísima Virgen y al cuidado de San José. Aprendió a conocer a los habitantes de su pueblo, y desde niño pasó haciendo el bien a todos y santificando a sus hermanos.
De Él habló el Profeta cuando dijo: "No gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente." (Is 42, 2-4). El vino a curar lo que está enfermo, fortalecer lo que está débil. Donde todavía hay encendida una llama de bondad, Él la reaviva con su amor. El vino a proclamar con fortaleza el derecho, y curar las heridas con su misericordia.
El mismo nos dijo: "Estuve... en la cárcel... y viniste a verme." (Mt 25, 35-36). Estas palabras del Señor nos recuerdan que Jesús estuvo efectivamente en la cárcel, aún siendo inocente; y en el Evangelio se identifica con cada uno de ustedes. "Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos pequeños, a mí me lo hicísteis" (Mt 25, 40).
Dios nos ama a todos, y desea que este camino difícil que ustedes recorren en este momento de sus vidas sea de verdad y de justicia, y también de cambio y de perdón. Hoy es un día de gracia para pedirle a Jesús renovar nuestra vida.
Busquemos una vida nueva en el encuentro con el Niño que ha nacido en Belén. Cuando nos acercamos a Dios, pidiéndole tener un corazón nuevo, recibimos su perdón y su misericordia. La Navidad nos permite descubrir también que es Dios quien se acerca primero a nosotros, para ofrecernos su perdón y su paz. Precisamente la venida del Niño renueva nuestra fe y confianza en Él: porque ha nacido Jesucristo, y estamos invitados a la salvación.
Sabemos, ante todo, que podemos alcanzar la libertad de nuestro corazón, donde no hay rejas para amarlo y sentirnos libres. Muchas veces, aún estando fuera de un penal, podemos sentirnos entre las rejas de la falta de amor a Dios y a nuestros hermanos, de la falta de comprensión, de solidaridad, y esclavos del mal.
Si nuestro corazón está libre por su gracia y perdón, ustedes se alegrarán, y también se verán los frutos en sus familias y en la comunidad. "Dios es amor, y quien permanece en el amor, permanece en Dios" (1 Juan 4,16). Esta verdad es el corazón de nuestra fe: la imagen cristiana de Dios, y la consiguiente imagen del hombre y del camino que debe seguir.
Sé que somos capaces, sé que hoy podemos hacer una renovación de nuestro corazón, sé que todos, como el hijo pródigo, podemos abrazar de nuevo al Padre, y darle gracias por su misericordia: porque un Hijo se nos ha dado, un Niño nos ha nacido, que es Dios en medio de nosotros.
También tenemos una Madre, es la Virgen María. Recíbanla en la Casa de su vida, para que Ella nos de a su Hijo. Ella intercede por nosotros, es abogada nuestra y siempre está dispuesta a darnos su consuelo.
A cada uno de ustedes les deseo un verdadero encuentro con Jesús, que manifieste el amor de Dios que nos da su paz y libertad, y les conceda confianza y esperanza.Que los acompañe la bondad de nuestra Madre del Rosario, pidiendo por ustedes y por sus familias.

Mons. José Luis MollaghanArzobispo de Rosario
Fuente: www.delrosario.org.ar

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